Lo que es cierto, es que sean lo que sean, los TLP
deben existir. Grandes figuras en el campo de la astronomía, han dejado
constancia escrita de ellos y no podemos negar su existencia. 

1931. El 22 de febrero nos cuenta el abate Joulia que próximo al cráter
Aristarco, una luz tenue y difusa se encendía y se hacía al tiempo menos
luminosa, progresiva y lentamente.
1937. M.Abdreuko en Amberes, nos informa de la existencia de una
pequeña zona luminosa en el circo Cassini. Este mismo señor en el cráter
Aristarco, localiza una especie de radiación de coloración entre azul y
verdosa.
1944. H.P.
Wilkins afirma ver un punto de luz brillante en el cráter
Plato.
Cráter Proclus, visto desde el Apolo XV
1950. H.P. Wilkins, dice ver otro destello de luz de gran intensidad
por la zona de los cráteres Aristarco y Herodotus. Su contemplación la realiza a
través de un potente telescopio de 370 mm.
1958. El astrónomo de nacionalidad rusa Niteolai Kozyrev,
contempla una nube brillante sobrevolando el pico central del cráter Alphonsus
de la que toma espectro. Se pensó que el pico hubiera podido entrar en erupción,
al considerar la idea de que se tratara de un volcán. Nuevamente el 3 de
diciembre volvió a deleitarse con la visualización de otra nube no muy lejos de
la posición de la anterior, que estuvo presente y en movimiento durante una
hora.
1963. Desde el
observatorio de Lowell, nos informa de la aparición de un resplandor de altísimo
brillo y de color rojo y sobre la Luna, que bien pudo observar el astrónomo John
Grenace.
1966. Varios
observadores, entre ellos el conocido Patrick Moore, describen el surgimiento de
unos resplandores rojizos en el circo Gassendi, el día 30 de abril.
A
partir de la última fecha indicada, las observaciones de TLP disminuyen por
parte de los astrónomos o al menos no se dan a conocer con tanta frecuencia. No
obstante, el fenómeno no ha desaparecido, y hay quien se dedica en cuerpo y alma
a la caza y captura de los TLP.
En España por ejemplo, existen redes de
observadores lunares y dentro de este campo, hay apartados dedicados con
exclusividad a la vigilancia de posibles irregularidades sobre la superficie de
la Luna. Parece que nuestra amiga la Luna se conoce un tanto mejor y no nos
dejamos llevar con tanta frecuencia por fenómenos misteriosos capaces de
provocarlos los posibles selenitas (habitantes de la Luna).
Por otra parte, desde la segunda mitad del siglo
XX, numerosas sondas han estudiado meticulosamente la superficie de nuestro
satélite y en 1969 el primer hombre pisó la Luna. No quiere decir ello que se la
conozca como a nuestro planeta, y siempre quedará la duda de aquellas luces.
Pero profundicemos un poco y veamos qué pueden ser los TLP.
Hablando de
modo fácil y como ya comentamos anteriormente, los puntos de luz que se
localizan en las sombras, bien pueden ser provocados por la iluminación de los
picos de las montañas más elevados donde comienza a amanecer y siempre y cuando
estos se sitúen próximos al terminador (línea que divide la noche de día en la
Luna).
Si la distancia al terminador y dentro de la sombra es considerable,
la duda siempre nos puede asaltar, ya que a esta distancia del terminador,
difícilmente el Sol pudiera iluminar las cimas de las montañas más elevadas,
pues deberían tener una altura desproporcionada y esto no ocurre con las
montañas lunares.
De todas formas es difícil de explicar como dicen algunos
observadores de fama, que los puntos de luz se hagan intermitentes. Cuando la cima de una montaña
está en la oscuridad y es iluminada por el Sol, ésta no terminará poco a poco
iluminando toda la montaña o por el contrario la dejará en la oscuridad total.
Quizás pueda ocurrir que estemos totalmente equivocados y la Luna no sea un
lugar tan muerto como creemos.
Puede que haya una mínima actividad
interior que ponga de tarde en tarde su aportación para crear una presión
interior y haga salir en forma de gas y pequeñas porciones de lava hacia el
exterior y por medio de volcanes, como pudiera ser el pico del cráter Alphonsus
y el famosos circo Plato, que es en realidad una gran llanura
amurallada.
Allí no hay pico, sino un suelo liso. ¿Existen acaso volcanes tan
diminutos que no los podamos ver y surgen cuando hay actividad y desaparecen
cuando cesa? Lo
cierto es que Plato es punto de mira por su elevado número de TLP.
Imaginemos por un momento que escapan chorros de
gases desde el interior de la Luna, como si de géiseres se trataran. Este gas al
intentar salir al exterior debe toparse con la capa de polvo (regolita) que se
encuentra cubriendo toda la superficie lunar y por consiguiente, la elevará a
diferentes alturas de modo que quedará expuesta a las radiaciones del Sol y así
hacerse luminosas.
Varios chorros de gas que estuvieran más o menos
alineados y a no mucha distancia de separación, darían la impresión de
intermitencias y movimiento (cuando uno está alto y se apaga otro sale del suelo
con más fuerza y brillo).
Cráter Aristarco
Según Wiltkins, los TLP pudieran tratarse de la mera
reflexión de los rayos del Sol al incidir sobre ciertos materiales con mayor
grado de reflectividad y de alto albedo. También cabe la posibilidad de que
surjan efectos de fluorescencia por bombardeo de electrones solares.
La
duda en todo caso nos invade ante la serie larga de conjeturas con las que
jugamos. Pero alguna de ellas debe ser el "quid" de tan misteriosa
cuestión...
Miguel Gilarte Fernández