Hace algunos años la revista rusa Aura-Z publicó un artículo por el
investigador ruso Vladimir Rubtsov acerca de un hallazgo de alta extrañeza: un
artefacto misterioso conocido únicamente por el apelativo "la bola negra" y cuyo
origen era supuestamente extraterrestre. La esfera había sido sometida a la
consideración de especialistas de gran prestigio de la Academia Rusa de
Ciencias, el Instituto de Ingeniería Física de Moscú, y la Asociación Industrial
y Científica Soyuz.
Pero
mucho antes de que se descubrieran objetos extraños en Eurasia, una familia en
la ciudad de Jacksonville (Florida, EE UU) había descubierto un artefacto que
desafió todos los intentos realizados por clasificarla.
El extraño
objeto aparentemente fue destruido durante el bombardeo de Salzburgo en la
Segunda Guerra Mundial, pero cuando un periodista ruso visitó el museo de dicha
ciudad en la década de los años 70 con miras a escribir una nota sobre el objeto
anómalo, el conservador del museo le informó que "no existían pruebas normales"
sobre la existencia del objeto: se habían perdido todos los archivos del museo
desde 1880 hasta 1910. El periodista tachó el cubo de Gurlt de fraude, y así se
le considera como tal hasta el día de hoy.
La perspectiva
de Keel sobre el asunto no es tan benigna. La "octava torre" que sirve de título
a su obra es "una especie de cápsula de tiempo electrónica, que sigue
funcionando sin sentido ni propósito después de millones de años", plagándonos
con fenómenos parafísicos como los OVNI y seres extraños, y tal vez rigiendo las
oleadas de locura que afectan a la humanidad siglo tras siglo.