Los franceses escribieron el libro sobre la vie en rose y obsequiaron al
mundo con la crème brûlée y el camembert, con el Tour y la
torre Eiffel, con Simone de Beauvoir y Claude Debussy. Así que, si tienen un
orgullo nacional muy arraigado, ¿quiénes somos nosotros para juzgarlos? Aunque
la omnipresencia de los Levi's y los Macdonald's inquietan a los puristas de la
cultura del país, cualquier actividad -desde pasar un año en Provenza hasta un
fin de semana en París- explicará por qué medio mundo sueña con pasear por las
calles de Cyrano o ir de picnic al estilo de Manet. Francia ha sido
sinónimo de romanticismo durante más tiempo del que nuestros abuelos son capaces
de recordar, así que tanto si uno recorre París como si visita los Pirineos, la
Costa Azul o un albergue juvenil, es conveniente asegurarse de mantener a raya
la imaginación, de no hacerse demasiadas expectativas y de mantener la joie
de vivre (ganas de disfrutar de la vida).
La forma más segura y conveniente de manejarse en Francia es con cheques de
viaje; los admiten prácticamente en todas partes, sobre todo en las grandes
ciudades y los centros turísticos. Los bancos y las casas de cambio son más
rentables para los cheques de viaje que para el dinero en efectivo; el banco que
mejores tipos ofrece es Banque de France. Los cajeros automáticos aceptan las
principales tarjetas internacionales; las compras realizadas con esta forma de
pago se benefician de un tipo de cambio excelente. Dejar o no propina queda a
juicio del viajero; aunque en las facturas de los restaurantes y los
alojamientos se añade entre un 10 y un 15 por ciento del importe, la mayoría de
gente agrega algunas monedas si están satisfechos con el servicio.
Información
práctica
Visados: Los ciudadanos de la UE, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda,
Australia e Israel no requieren visado para visitar Francia en calidad de
turistas por un tiempo limitado de hasta 3 meses. Salvo los viajeros procedentes
de un pequeño grupo de países europeos no comunitarios, todos los demás
necesitan visado.
Condiciones sanitarias: Los principales problemas
para el viajero son: quemaduras solares, ampollas en los pies, picaduras de
insectos y molestias estomacales por la ingesta excesiva de comida y bebida.
Hora local: GMT+1
Electricidad: 220V, 50Hz
Pesos y
medidas: sistema métrico
Cuando
ir:
La mejor época para visitar el país es la primavera, ya que el clima es
sublime; en el mes de mayo, las playas reciben un gran número de turistas. Las
temperaturas en otoño no son malas, pero sus días cortos implican menos luz
solar; por otro lado, el frío empieza a hacerse notar hacia finales de
temporada, incluso en la Costa Azul. En invierno, los Alpes franceses y los
Pirineos son el lugar perfecto para disfrutar con la nieve, aunque durante las
vacaciones escolares de Navidades se ven multitud de chiquillos uniformados
deslizándose por las pendientes. Desde mediados de julio hasta finales de
agosto, la gente de la urbe se toma sus vacaciones para veranear en la costa o
en las montañas. Lo mismo ocurre en febrero y marzo, fechas en que las ciudades
tienden a quedarse prácticamente desiertas.
Fiestas y
celebraciones
A los franceses les gustan las celebraciones; todos los años numerosas ciudades
ofrecen música, danza, teatro, cine o eventos artísticos. Cada pueblo tiene sus
propias ferias y fiestas que conmemoran desde los santos locales
hasta el progreso agrícola. A finales de mayo, Saintes-Marie-de-la-Mer, en
Provenza, es el escenario de un festival gitano donde se honra a Sara, la
santa patrona de los gitanos. Esta fiesta se caracteriza por sus animados cantos
y danzas. Las fiestas nacionales más destacadas son el 1 de mayo, cuando la
gente se regala muguet (lirios del valle) y el Día de la Bastilla
(14 de julio), que se celebra lanzando petardos con los amigos. Los eventos
regionales incluyen: los peripuestos desfiles de prêt à porter en París
(a principios de febrero); el reluciente y encorsetado Festival de Cine de
Cannes (a mediados de mayo); el Festival Internacional de Música de
Estrasburgo (tres primeras semanas de junio); el teatro principal y
alternativo del Festival de Aviñón (desde mediados de julio hasta
mediados de agosto) y el Festival de Jazz de Nancy (del 9 al 24 octubre).
Características generales
Nombre oficial: República francesa Superficie: 551.000 km²
Población: 60.180.000 hab. Capital: París (13.000.000
hab.) Nacionalidades y etnias: 92% franceses, 3% norteafricanos, 2%
alemanes, 1% bretones y 2% otros (especialmente provenzales, catalanes y vascos)
Idioma: francés (también: flamenco, alsaciano, bretón, vasco,
catalán, provenzal y corso) Religión: 90% católicos, 2% protestantes,
1% musulmanes, 1% judíos y 6% no pertenecientes a una religión determinada
Régimen político: democracia
PIB: 1,58 billones de
dólares PIB per cápita: 26.000 dólares Crecimiento anual:
4% Inflación: 2% Principales recursos económicos:
refinería, acero, cemento, aluminio, productos agrícolas y comestibles,
artículos de lujo, industria automovilística y energía Principales socios
comerciales: UE y Estados Unidos Miembro de la UE: sí Zona
euro: sí
El Tiempo en Francia
Mapa de Francia
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Estado de Europa occidental. Situación: Limita al Norte con el Canal de la
Mancha; al Noreste con Bélgica y Luxemburgo; al Este con Alemania, Suiza, e
Italia; al Sur con el Mediterráneo, España y Andorra, y al Oeste con el Golfo de
Vizcaya en el océano Atlántico. La línea europea divisoria de aguas divide a
Francia en dos vertientes desiguales. Al Sureste los Alpes la separan de Italia;
en los Alpes franceses se encuentra el pico más alto de Francia, el Mont Blanc
(4.807 m.s.n.m.); al Suroeste los Pirineos la separan de España. En el centro,
las Cevenas, los montes del Velay, del Fores, del Cantal, de la Auvernia, las
mesetas de Lemosín y de la Marche forman un poderoso nudo, unido a los Vosgos
por la C'te-d'Or y los montes Faucilles, y a las Corbières y a los Pirineos por
los montes de la Espinosa y la Montaña Negra. De estas alturas descienden hacia
el océano el Sena, el Loira, el Garona; hacia el Mediterráneo, el Ródano; y,
además, numerosos ríos costeros. El Escalda el Mosa y el Rhin que se prolongan
hasta el mar del Norte.
Se pueden distinguir tres tipos de climas, el
oceánico, el mediterráneo y el continental. Es templado y húmedo en el Norte y
Noroeste frío en el Noreste, y cálido y seco hacia el Sur. Francia es un país
agrícola por excelencia, se cosechan los cereales, la vid, la remolacha, el
lino, las plantas forrajeras, etc. Está muy desarrollada la ganadería. Del
subsuelo se extrae carbón de piedra, hierro, plomo argentífero, cobre, cinc,
antimonio, sal, etc; y abundan las aguas minerales y termales.
La industria, representada principalmente por la
elaboración transformación y conservación de productos agrícolas, los tejidos de
algodón, lino, lana y seda, la construcción de maquinaria y vehículos, la
cerámica, la fabricación y de vidrio, la cosmética y la moda. La forma de
gobierno es republicana unitaria. El poder legislativo reside en el Parlamento,
integrado por la Asamblea Nacional y el Senado. El Presidente de la República:
ejerce el poder ejecutivo por períodos de siete años. El Primer ministro debe
contar con la mayoría del Parlamento.
Historia
Los ligures, iberos y galos son los primeros pueblos habitantes de Francia, de
que se tiene noticia. De los galos se llamó Galia el territorio que comprendía
la actual Francia, con Bélgica, Suiza y parte de Alemania y Holanda. La Galia
fue conquistada en el siglo I a. de C. por los romanos, que difundieron en ella
su civilización y su cultura durante cuatro centurias. La invasión de los
bárbaros, en los comienzos del siglo V, asoló al país, hasta que, a fines del
mismo siglo, el rey franco Clodoveo logró restablecer la unidad de la Galia. Los
repartos del país entre los hijos de los reyes debilitaron la dinastía
merovingia, que fue derribada por Pipino el Breve, padre de Carlomagno, fundador
de la dinastía de los carolingios. Con Carlomagno, que reinó de 768 a 814, llegó
a ser la Galia el centro de un vasto imperio que se extendía hasta el Elba, el
Theiss, el Adriático el Garellano y el Ebro.
París
Joya de la corona del turismo en Francia, la capital francesa alimenta
numerosos estereotipos y clichés para el viajero. Por esta razón, los visitantes
suelen llegar a París con unas expectativas exageradas, esperando encontrarse
con imponentes vistas románticas en la rivera del Sena, con paisajes pintados en
enormes lienzos o con personas extraordinariamente arrogantes. Cierto es que,
normalmente, uno suele encontrar lo que esperaba o deseaba ver. Sin embargo,
para disfrutar de esta ciudad, quizá sea mejor dejar las expectativas en el
hotel y deambular sin rumbo por sus calles y avenidas, disfrutando simplemente
de lo que uno ve.
Saint Malo
El puerto de Saint Malo, en la costa norte de Bretaña, es conocido por su
pasado pirata, su ciudad amurallada y sus playas. En los siglos XVII y XVIII fue
uno de los puertos más importantes de Francia, tanto para la marina mercante
como para los corsarios. En esa época, se construyó un sistema de murallas y
fortificaciones para defenderse de los intrusos ingleses, pero estos fuertes
demostraron ser más débiles que los invasores. El puerto, destruido por los
alemanes en la II Guerra Mundial, se reconstruyó tras la guerra, y hoy es uno de
los destinos turísticos más populares de la región.
Dentro del casco antiguo, se alza la catedral Saint Vincent. Comenzada
en el siglo XI, la catedral recoge una excelente colección de vidrieras
medievales y modernas. En julio y agosto, también alberga conciertos de música
clásica. Las escenas de turistas con el vídeo al hombro son ya típicas de estas
murallas que, por otro lado, proporcionan unas magníficas vistas de Saint
Malo.
Al sur, a los pies del casco antiguo, yace el fuerte de la Cité, del
siglo XVIII, que fue fortaleza alemana durante la II Guerra Mundial. Flanqueando
las murallas, se sitúan los fortines de acero agujereados por los proyectiles de
los Aliados.
Otros atractivos de Saint Malo son las plácidas playas al sur del casco
antiguo y la costa que continúa hacia el noreste. Esta zona presenta una de las
más altas variaciones de mareas del mundo, así que, para llegar al agua cuando
está baja, uno tiene que darse un buen paseo. Saint Malo es el lugar perfecto
desde donde poder explorar la Côte d'Émeraude ; como excursión de un día,
se puede realizar una visita a la famosa abadía situada en el Mont Saint
Michel.
Castillo de Chambord
El valle del Loira fue, desde el siglo XV hasta el XVIII, el patio de recreo
de la nobleza francesa, que dilapidó la riqueza de la nación para levantar
multitud de castillos imponentes. Originariamente se construyeron como
estructuras de defensa, pero paulatinamente se convirtieron en palacios de
placer, edificados en zonas de gran belleza natural.
El mayor y más lujoso de los castillos del valle del Loira es el Château de
Chambord. Comenzado en 1519, se cree que su estilo renacentista estuvo inspirado
por Leonardo da Vinci, que vivió en la zona desde 1516 hasta su muerte, tres
años después. En cualquier caso, el castillo es creación del rey Francisco I, un
lunático capaz de negarse a pagar el rescate de sus hijos en España y malgastar
el dinero de sus súbditos; incluso llegó a sugerir la posibilidad de desviar el
río Loira para que pasara cerca de su nueva morada. Para su construcción, se
emplearon 15 años y miles de trabajadores.
En el interior, destaca una hermosa escalera de doble hélice que servía de
paso al séquito que, reunido en la terraza del tejado, observaba la realización
de ejercicios militares, torneos y el regreso de los cazadores con sus perros de
presa. Desde la terraza, se divisan los tejados de pizarra, las torres, cúpulas,
chimeneas y varillas iluminadas que conforman el soberbio perfil del
castillo.
Biarritz
La afluencia de público en este conocido pueblo costero del País Vasco
francés aumenta considerablemente en verano. Biarritz, que antaño fue la
favorita de la aristocracia europea y, posteriormente, de los adinerados
británicos, actualmente atrae visitantes de todas partes del mundo. Sus
excelentes playas, sus casinos y zonas para practicar el surf son sus
principales atractivos.
La zona monumental y cultural de la ciudad se reduce a una iglesia rusa
ortodoxa de bóveda azul, a algunos pequeños hoteles y al Museo del Mar.
Reformado recientemente, cuenta con un acuario donde conviven varios ambientes
marinos y un museo que documenta la participación de la zona en la pesca
comercial y ballenera. Fuera, pueden verse piscinas con focas y tiburones.
En verano, las llamativas tiendas de rayas que se encuentran alineadas en las
playas de moda de Biarritz, son testigo de la avalancha de turistas que invade
la zona. Después de un duro día de tostarse al sol, se puede jugar al golf o a
cesta punta, el juego más rápido del mundo (se juega con una pelota y una
raqueta en forma de cuchara); disfrutar de las actuaciones folclóricas de la
noche; o empaparse de la música y artesanía vascas.
Saralat-La Canéda
Conocida como Sarlat, esta encantadora ciudad renacentista en Périgord,
creció alrededor de una abadía benedictina fundada en el siglo IX. Atrapada
entre territorio francés e inglés, durante la Guerra de los Cien Años y las
Guerras de Religión prácticamente quedó en ruinas. A pesar de ello, Sarlat
conserva un toque medieval característico, con sus edificios color ocre y sus
atractivas calles. Para aquellos que prefieren evitar las multitudes, es mejor
visitar la zona fuera de la temporada alta.
Entre los tesoros arquitectónicos de Sarlat, figura la catedral Saint
Sacerdos, que originariamente fue una abadía benedictina. De estilo poco
definido, casi toda la estructura actual data del siglo XVII. Detrás de la
catedral, se encuentra el primer cementerio de la ciudad, donde está el Faro de
los Muertos, una torre del siglo XII construida para conmemorar la visita de San
Bernardo en 1147 y cuyas reliquias descansan en la abadía. El otro foco de
interés de la ciudad es el mercado de los sábados. Dependiendo de la temporada,
se comercia con foie-gras, champiñones, trufas, gansos y ganado entre toda una
maraña de vendedores y espectadores.
Chamonix
La ciudad de Chamonix se asienta en uno de los valles más espectaculares de
los Alpes franceses. La zona mantiene un cierto parecido con el Himalaya: el
Mont Blanc está coronado por una diadema de nubes y destaca sobre los glaciares
de grietas profundas que dominan la zona. A finales de la primavera y el verano,
los glaciares y la nieve de las altas cumbres sirven como telón de fondo para
las praderas y las laderas cubiertas con flores salvajes, arbustos y árboles.
Ésta es la mejor época para hacer excursiones; en invierno, los viajeros pueden
aprovechar los más de doscientos kilómetros de pistas de esquí para descender
las montañas o practicar esquí de fondo.
No se puede dejar de visitar la Aiguille du Midi, una solitaria aguja
de roca situada a varios kilómetros de la cima del Mont Blanc, que se extiende
por los glaciares y los campos nevados. Es fácil acceder a ella, y las vistas
panorámicas son dignas de una postal. Otro placer es el paseo que ofrece el
teleférico, con paradas en los puntos más populares para el esquí y el
excursionismo. El segundo glaciar más grande de los Alpes es el Mer de
Glace ; mide 14 km de largo y 1.800 m de ancho, y tiene hasta 400 m de
profundidad. Para contemplar mejor el glaciar desde dentro, es posible hacer una
ruta por una cueva de hielo que se esculpe cada primavera. También hay un tren
que sube hasta los 1.915 m y un gran número de pistas que, por su peligrosidad,
no deben utilizarse sin el equipamiento adecuado y sin un guía.
Otras actividades que pueden llevarse a cabo en la zona son el ciclismo de
montaña, el parapente y el patinaje sobre hielo; también es posible bajar en
trineo por una reluciente pendiente de las pistas de verano. La ciudad suiza de
Martigny sólo se encuentra 40 km al norte de Chamonix, dato importante para los
que deseen cruzar la frontera para reparar el reloj o comprar
chocolate.
Arles
La encantadora ciudad de Arles, situada a orillas del río Ródano, en
Provenza, alcanzó su auge entre los años 49 y 46 a.C., cuando un triunfante
Julio César conquistó y expolió la cercana ciudad de Marsella. Pronto se
convirtió en el eje central del comercio de la región y en un importante centro
provincial romano con enormes espacios públicos que todavía hoy se utilizan.
Vincent Van Gogh se instaló en la localidad a finales del siglo XIX, donde creó
cientos de dibujos y pinturas. En los calurosos días de verano, se puede ver el
calor evaporándose sobre las llanuras; los olivos y los viñedos, que figuran en
varias de sus obras, todavía cubren las colinas de piedra caliza de los
alrededores. Arles también es conocida por sus casas con impresionantes techos
con tejas de color rojo y sus callejones sombríos, tan estrechos que
prácticamente hay que atravesarlos de lado.
Destaca el anfiteatro Les Arènes, una enorme construcción romana de
finales del siglo I d.C. Decenas de miles de hombres y animales fueron
sacrificados en nombre de uno de los pasatiempos más nobles: el deporte. En este
anfiteatro, se representaban carreras de carros y luchas cuerpo a cuerpo en las
que la matanza final era más aplaudida que la táctica utilizada. El anfiteatro,
que se convirtió luego en un fuerte y, más tarde, en un área residencial, en la
actualidad vuelve a llenarse de gente, atraída por las corridas de toros. Otra
reliquia de los romanos en la ciudad es el Teatro Antiguo, el escenario
ideal para los festivales de danza, música y cine al aire libre del verano.
El centro de Arles es un lugar relajado, con plazas íntimas,
brasseries con terrazas perfectas para sorber pastís (licor
anisado) y hombres con bigote engominado jugando a la
petanca.
Cannes
Esta ciudad de prestigio internacional, situada en la Costa Azul, es el lugar
favorito de los niños ricos y de los compradores compulsivos. Durante el
Festival Internacional de Cine, en mayo, Cannes está más llena de dinero,
champaña, teléfonos móviles y escotes que ningún otro lugar del mundo. Además de
boutiques, hoteles y restaurantes de postín, también posee playas con su propio
'servicio de habitaciones', que los austeros evitan cuidadosamente.
En el famoso Boulevard de la Croisette se pasean todo tipo de
personajes: estrellas de antaño con minúsculos bikinis, hombres franceses de
vacaciones llevando un bolso, nuevos ricos bronceados zambulléndose en la
piscina con las joyas puestas y campesinos con patillas, rústicos chalecos y
botas camperas que se preguntan por qué hay tanto revuelo. Después de dar un
paseo, es agradable sentarse en uno de los muchos cafés y restaurantes que
iluminan la zona con sus llamativos carteles de neón.
Cerca de la costa, flota la île Sainte Marguerite, cubierta de
eucaliptos y pinos, a la que Alejandro Dumas le sacó el mayor partido posible en
su clásico El hombre de la máscara de hierro. Esta pequeña isla es atravesada
por rutas y senderos, pero por sus playas se pasean muchos menos turistas que
por las de tierra firme. La próxima île Saint Honorat es un poco más
pequeña; fue el emplazamiento de un conocido y poderoso monasterio fundado en el
siglo V y hoy acoge a una orden de monjes cistercienses. Se dispone de barcos
que conducen al turista hasta ambas islas.